Era Trejo un muchacho
que cante y cante se la pasaba
en su chamba y en el cantón,
de la bañera a su cuarto,
Jeremias su compañero,
de buen oído,
sordo se estaba quedando,
y a todos estaba hartando,
pues llegaron las finas notas
a oídos de la calaca,
que era menos paciente
que los habitantes vivientes
y en un abrir y cerrar de ojos
a Ernesto se estaba llevando
a lo cual el amenazó
aunque me lleves yo seguiré
cantando, a lo cual ella contestó,
tú y aquella que me espantó
hoy por la mañana
hacen buena pareja
cesá tú cantar
y los dejo juntos por toda
la eternidad.
El cantó cesó, Marisol nunca
se peinó, pero juntos
vivitos y coleando
andan dando brincos
este día de muertos
este par de tortolitos...
FIN